reltext

Chapter 13

Cántico de Tobías

1 1Tobías el anciano abrió su boca, y bendiciendo al Señor dijo: “Grande eres Tú, oh Señor, por siempre, y tu reino dura por todos los siglos.

  1. 1 ss. No podía faltar en la semblanza de Tobías la inspiración profética, rasgo característico de las figuras cumbres de Israel. Este cántico nos da una idea de la altura moral que alcanzaban los profetas israelitas, cuando “se remontaban sobre la esfera de sus experiencias personales para cantar las divinas alabanzas en nombre de toda la nación y escudriñar los destinos reservados a esta en el porvenir de los tiempos mesiánicos” (Prado).

2 Porque Tú castigas y salvas; Tú conduces al sepulcro, y sacas de él, y no hay quien escape de tus manos.

3 Bendecid al Señor; hijos de Israel, y alabadle ante las naciones.

4 1Pues por eso os ha esparcido entre las gentes que no lo conocen, para que contéis sus maravillas, y les enseñéis que fuera de Él no hay otro Dios todopoderoso.

  1. 4. “El viejo Tobías nos explica aquí el sentido de nuestro «destierro», pues todos los que vivimos con Cristo somos semejantes a los desterrados; y destierro siempre significa una infinidad de sufrimientos hasta llegar a la patria celestial. Quedamos materialmente en el mundo aunque espiritualmente estamos separados de él. Quedamos en el mundo aun llevando hábito y viviendo detrás de los muros de un convento. Lo que nos distingue del mundo, es el espíritu, el espíritu de Cristo, el espíritu de amor” (Elpis).

5 1Él nos ha castigado por nuestras iniquidades, y Él nos salvará por su misericordia.

  1. 5. La misericordia de Dios es ilimitada: “Alabad al Señor porque es bueno y porque es eterna su misericordia” (Salmo 135, 1). Es este el elogio más repetido en toda la Escritura, por donde vemos que ninguna otra alabanza es más grata a Dios que esta que se refiere a su Corazón de Padre. “¿Qué es el pecado ante la misericordia de Dios? Una telaraña que desaparece para siempre al soplo del viento” (San Crisóstomo). Véase Santiago 5, 8; I Pedro 4, 8.

6 Mirad lo que ha hecho por nosotros; alabadle con temor y temblor, y glorificad con vuestras obras al rey de los siglos.

7 Yo le ensalzaré en la tierra de mi cautiverio, pues ha manifestado su majestad sobre una nación pecadora.

8 Convertíos oh pecadores, y haced lo que es justo ante Dios, seguros de que os hará misericordia.

9 1En cuanto a mí, yo y mi alma en Él nos alegraremos.

  1. 9. Véase lo que dice María Santísima en Lucas 1, 47. Como el Magníficat y como Jonás 2, 2 ss., este admirable cántico está lleno de textos tomados de los Salmos.

10 Bendecid al Señor todos sus escogidos, celebrad días de alegría y loadle.

11 1Jerusalén, ciudad de Dios, el Señor te ha castigado por lo que has hecho.

  1. 11. Te ha castigado: Otra lección: te castigará. Es esta una profecía que se cumplió cien años después en la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor y en la deportación de los judíos a Babilonia, y sobre todo en su nueva destrucción por Tito (el año 70 después de Cristo). Jesús la profetizó también en Mateo 24, juntamente con su Parusía o segunda venida al fin de los tiempos.

12 1Glorifica al Señor con tus buenas obras, y bendice al Dios de los siglos, para que reedifique en ti su morada y te restituya todos los cautivos, y te goces por todos los siglos de los siglos.

  1. 12 ss. Otra profecía, que se refiere a la restauración. Sobre ella dice Fillion: “Es notable —y en esto hay otro parecido con el Magníficat— que Tobías habla muy poco del favor personal que él había recibido de lo alto; casi inmediatamente generaliza y, de las misericordias divinas hechas a su propia persona, pasa a aquellas de las que todo Israel debía ser objeto. Este hermoso poema va, pues, mucho más allá del tiempo presente: predice y describe el glorioso futuro del pueblo de Dios, al que la penitencia habrá transformado.” Véase Romanos 11, 25-26. Morada: el templo de Jerusalén.

13 1Brillarás con luz esplendorosa, y todos los países de la tierra se prosternarán delante de ti.

  1. 13. Cf. Isaías 60, 1-9; 49, 17-26; Ezequiel 37, 21-28, etc.

14 1Vendrán a ti naciones lejanas; trayendo dones adorarán en ti al Señor, y tendrán tu tierra por santuario.

  1. 14. Véase 14, 8-9; Salmos 67, 30; 101, 16-17; Isaías 54, 15; 55, 5; 60, 1-6; 61, 5; Ezequiel 36, 23; 37, 28; Miqueas 4, 2; Zacarías 8, 13 y 22, etc.

15 Porque dentro de ti invocarán el gran Nombre.

16 1Malditos los que te desprecian; serán condenados todos los que te blasfemaren y benditos los que te reedifiquen.

  1. 16. Cf. Génesis 12, 3; 27, 29; Números 24, 9; Salmo 121, 6.

17 Te regocijarás en tus hijos, porque todos serán benditos y se reunirán con el Señor.

18 Dichosos todos los que te aman y se regocijan por tu paz.

19 1Alma mía, bendice al Señor; pues Él, el Señor Dios nuestro, ha librado a Jerusalén, su ciudad, de todas sus tribulaciones.

  1. 19. Habla proféticamente de sucesos futuros como si ya hubieran sucedido. Se refiere al triunfo final de la Misericordia de Dios sobre su pueblo incrédulo, tal como nos lo muestra San Pablo (Romanos 11, 31 ss.).

20 Dichoso seré yo, si quedaren reliquias de mi linaje para ver el esplendor de Jerusalén.

21 1De zafiros y de esmeraldas se harán las puertas de Jerusalén, y de piedras preciosas todo el circuito de sus muros.

  1. 21. Cf. Isaías 54, 11-12. Véase en Apocalipsis 21 la descripción de la Jerusalén celestial.

22 Con piedras blancas y limpias serán enlosadas todas sus calles y en todos sus barrios se cantará Aleluya.

23 Bendito sea el Señor que la ha ensalzado, y sea su reino en ella por los siglos de los siglos. Amén.”