Chapter 4
El camino de los mandamientos
1 1Este es el libro de los mandamientos de Dios, y la Ley que permanece eternamente. Todos los que la guardan, llegarán a la vida; mas los que la abandonan, a la muerte.
- 1. Este es el libro etc. Se refiere a la Ley. Y, especialmente, a la Sabiduría, de la cual trata el capítulo 3. Notable texto que es un ardiente llamado a que estudien la divina Escritura cuantos aspiran a ser sabios. Véase Eclesiástico 39, 1 y nota.
2 1Conviértete, Jacob, y tenla asida; camina al resplandor de su luz.
- 2. A este elogio de la Ley de Dios podrían añadirse otros muchos pasajes semejantes, p. ej. Salmo 118, 105, por lo cual el IV Concilio de Constantinopla dispone que el Santo Evangelio que nos trae estas luces, debe venerarse lo mismo que la Cruz y la Imagen de Cristo. “Siempre ve claro en su camino, vaya por donde quiera, el que tiene por antorcha la Ley de Dios” (San Ambrosio).
3 No des tu gloria a otro, ni tu dignidad a una nación extraña.
4 1Dichosos somos nosotros, los de Israel, porque sabemos lo que agrada a Dios.
- 4. ¡Saber lo que agrada a Dios! Sobre esta altísima bienaventuranza véase Eclesiástico 1, 34; 2, 19; 4, 15 y notas.
Palabras de consuelo
5 Ten buen ánimo, oh pueblo de Dios, memorial de Israel.
6 Fuisteis vendidos a las naciones, mas no para ruina. Por haber provocado la indignación de Dios, por eso fuisteis entregados a los enemigos.
7 Pues irritasteis a Aquel que os creó, al Dios eterno, ofreciendo sacrificios a los demonios en lugar de Dios.
8 Olvidasteis al Dios, vuestro Creador, y contristasteis a Jerusalén, vuestra nodriza.
9 Porque ella vio venir sobre vosotros la ira de Dios, y dijo: “Escuchad, vecinas de Sión; Dios me ha enviado una aflicción grande;
10 pues he visto la cautividad de mis hijos y de mis hijas, que hizo venir sobre ellas el Eterno.
11 Yo los he criado con gozo, pero con llanto y con dolor los he despedido.
12 1Ninguno se alegre de mí al verme viuda y desamparada. Muchos me abandonaron por los pecados de mis hijos, por cuanto se desviaron de la Ley de Dios;
- 12 s. Dios distingue entre los malos hijos y su Jerusalén que sigue siendo su amada. Así también la Iglesia subsistirá santa aunque muchos prevariquen y renieguen de ella.
13 y no conocieron sus preceptos, ni anduvieron por el camino de los mandamientos de Dios, ni siguieron con justicia por las sendas de su verdad.
14 Vengan las vecinas de Sión, y consideren la cautividad que el Eterno hizo venir sobre mis hijos e hijas;
15 1porque trajo sobre ellos una nación remota, una nación desvergonzada y de otra lengua,
- 15. Alusión a los babilonios que hablaban el idioma arameo (caldeo).
16 que no respeta al anciano, ni se apiada de los niños; que arranca a la viuda sus queridos, dejándola desolada y sin hijos.”
17 Y yo, ¿en qué puedo yo ayudaros?
18 Aquel que envió sobre vosotros los males, Él mismo os librará de las manos de vuestros enemigos.
19 Andad, hijos míos, andad; yo me quedo solitaria.
20 Me quité el vestido de alegría, y me vestí del saco de rogativa, y clamaré al Altísimo todos los días de mi vida.
Soportad con paciencia el castigo
21 Tened buen ánimo, hijos míos, clamad al Señor, y Él os librará del poder y de las manos de los príncipes enemigos;
22 1que yo espero del Eterno vuestra salud; pues el Santo me ha consolado por la misericordia que os vendrá de parte del Eterno, Salvador nuestro.
- 22. El Santo: sinónimo de Dios. Aquí puede referirse también al Mesías; pues algunos de los versículos siguientes suenan como vaticinios mesiánicos (versículos 24 y 29). Me ha consolado: En todo este capítulo prevalece la esperanza sobre el miedo, y predomina la confianza en el auxilio divino. Jerusalén espera en el Señor, el Señor será su Libertador y protector; no será confundida (Salmo 24, 20; 25, 1; 30, 25; 55, 5; 60, 4, etc.). La esperanza la hace sufrir con paciencia todas las humillaciones y la conforta en todas las aflicciones. “Solo la esperanza, Señor, obtiene misericordia ante Ti, dice San Bernardo, y es solo en el vaso de la esperanza en que pones el bálsamo de tu misericordia” (Sermón III, sobre la Anunciación). Cf. Jeremías 17, 17 y nota.
23 Pues con lágrimas y sollozos os dejé ir; mas el Señor os devolverá otra vez a mí con gozo y alegría duradera.
24 Porque al modo que las vecinas de Sión vieron cómo fuisteis llevados al cautiverio, así verán muy presto vuestra salud que de Dios vendrá sobre vosotros con grande gloria y resplandor eterno.
25 Hijos míos, soportad con paciencia la ira de Dios que ha descargado sobre vosotros. En breve verás la ruina de tu enemigo que te persiguió, y pondrás tu pie sobre su cerviz.
26 Mis delicados (hijos) anduvieron por caminos ásperos; porque han sido llevados como un rebaño robado por el enemigo.
27 Tened confianza, hijos míos, y clamad al Señor; pues Aquel que os transportó, se acordará de vosotros.
28 1Porque así como por vuestra voluntad os descarriasteis de Dios, así al convertiros de nuevo le buscaréis con una voluntad diez veces mayor.
- 28. Esta profecía se refiere en primer lugar al regreso del cautiverio; en segundo, a la conversión definitiva del pueblo judío. Véase Deuteronomio 4, 30 y nota. San Juan contiene igual profecía (19, 37), transcribiendo la de Zacarías 12, 10. Cf. Apocalipsis 1, 7.
29 Pues Aquel que os envió estos males, Él mismo traerá un gozo sempiterno con la salud que os dará.
30 1Ten confianza, oh Jerusalén, pues te consuela Aquel que te dio el nombre.
- 30. El nombre: El nombre de Jerusalén (Urusalim en la forma más antigua) significa “Ciudad de Paz”. Dios dará a este nombre su pleno sentido, de modo que Jerusalén tiene sobrado motivo para consolarse (véase Salmo 121 y notas).
31 Perecerán los malos que te han maltratado; serán castigados los que se alegraron en tu ruina.
32 Castigadas serán las ciudades a las cuales han servido tus hijos, y aquella que recibió a tus hijos.
33 Pues como ella se alegró en tu ruina, y saltó de gozo por tu caída, así se verá angustiada en su desolación.
34 Yo pondré fin al alborozo de su muchedumbre, y su jactancia se convertirá en llanto.
35 1Porque el Eterno enviará fuego sobre ella por largos días, y será habitada por demonios durante mucho tiempo.
- 35. Véase Isaías 13, 21; 34, 14; Jeremías 50, 39.
36 Mira, oh Jerusalén, hacia el oriente y contempla el gozo que Dios te envía.
37 1He aquí que vuelven tus hijos que tú enviaste dispersos, vienen desde el oriente hasta el occidente, reunidos por la palabra del Santo, gozándose en la gloria de Dios.
- 37. Reunidos por la palabra del Santo: “Esto en sentido alegórico se cumplió, cuando de todas partes del mundo concurrieron las naciones a abrazar la fe de Cristo e incorporarse en el seno saludable de su Iglesia” (Scío).