Chapter 8
B. ¿ES LÍCITO COMER DE LOS MANJARES CONSAGRADOS A LOS ÍDOLOS?
No hay impureza en comer carnes ofrecidas a los ídolos
1 En cuanto a las carnes ofrecidas a los ídolos, sabemos que todos tenemos ciencia. Pero la ciencia infla, en tanto que la caridad edifica1.
Original Greek
- 1 ss. Parte de los sacrificios que los paganos ofrecían a sus ídolos, se vendía en el mercado. Por lo tanto, algunos cristianos se sentían inquietos al comer carne, especialmente cuando eran convidados por algún pagano.
2 Si alguno se imagina que sabe algo, nada sabe todavía como se debe saber1.
Original Greek
- 2 s. Quiere decir: nada sabe ; y esto no solamente porque la pura ciencia infla (v. 1) y nada vale sin la sabiduría sino también porque son tantos los misterios revelados por Dios en la Escritura, que jamás sabremos de ellos todo cuanto habría que saber. En cambio el que ama (v. 3), o sea el que tiene la caridad que edifica (v. 1), ese es conocido de Dios (v. 3). Y esto es lo que importa: lo que Él conoce; porque la realidad es lo que sucede ante Dios y no lo que ocurre en el campo de la mente nuestra, sujeta a error y que puede ser víctima de la imaginación. Por eso es que las emociones propias no tienen tanto valor en la vida espiritual. Cf. 7, 31 y nota.
3 Pero si uno ama a Dios, ese es de Él conocido.
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4 Ahora bien, respecto del comer las carnes ofrecidas a los ídolos, sabemos que ningún ídolo en el mundo existe (realmente), y que no hay Dios sino Uno.
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5 Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, sea en la tierra —de esta clase hay muchos “dioses” y “señores”—.
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6 Mas para nosotros no hay sino un solo Dios, el Padre, de quien vienen todas las cosas, y para quien somos nosotros; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas, y por quien somos nosotros1.
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- 6. Un solo Dios, el Padre, etc.: Es esta una de las grandes luces para el conocimiento del verdadero Dios, que hallamos en la Sagr. Escritura, donde el Padre siempre es llamado Dios por antonomasia (cf. 1, 3; 8, 4 ss.; Jn. 8, 54 y nota; Ef. 4, 6; 1 Tm. 2, 5, etc.) El Padre es amor, el Hijo es amor, el Espíritu Santo es amor, porque los tres son una sola Divinidad y Dios es amor (1 Jn. 4, 16). El Padre es el Principio del amor (“Caritas Pater”). El Hijo es el Don del amor (“Gratia Filius”), y al mismo tiempo su expresión (Verbo del amor), su conocimiento (la luz del amor que viene a este mundo: Jn. 1, 9; 3, 19; 12, 46), y su contenido mismo: resplandor de la gloria del Padre y figura de su sustancia (Hb. 1, 3), y viene como “Dios con nosotros” o Emmanuel (Is. 7, 14). El Espíritu Santo es el Soplo del amor (“Communicatio Spiritus Sanctus”) y da todavía un paso más que el Verbo Jesús, realizando la divinización de los hombres como hijos de Dios, si ellos aceptan a Jesucristo. El Padre es, diríamos, Dios Amor en Sí. El Hijo es ese Dios Amor con nosotros. El Espíritu Santo es ese Dios Amor en nosotros (Jn. 14, 16), terminando así el proceso divino ad extra, es decir trayéndonos eficazmente, en virtud de la voluntad del Padre que nos dio al Hijo, y de los méritos del Hijo ante el Padre, la participación en la naturaleza divina (2 Pe. 1, 4), el nacimiento de Dios como hijos (Jn. 1, 12-13; Ef. 1, 5), la vida de amistad con el Padre y el Hijo en virtud de ese amor (1 Jn. 1, 3) y la unidad, en fin, consumada con el Padre y el Hijo (Jn. 17, 21-23). Cf. 2 Co. 13, 3 y nota.
No escandalizar a los débiles
7 Mas no en todos hay esta ciencia; sino que algunos, acostumbrados hasta ahora a los ídolos, comen esas carnes como ofrecidas antes a los ídolos, y su conciencia, débil como es, queda contaminada1.
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- 7. Contaminada, no por el hecho mismo, sino por la viciada intención del que lo hizo creyendo que era pecado. Vemos aquí la importancia capitalísima y decisiva que tiene ante Dios la rectitud de conciencia. Cf. 10, 25-29; Rm. 14, 14-23.
8 Pero no es el alimento lo que nos recomienda a Dios; ni somos menos si no comemos, ni somos más si comemos.
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9 Cuidad, empero de que esta libertad vuestra no sirva de tropiezo para los débiles1.
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- 9. El cristianismo es la religión de la caridad, y no una tabla de derechos y fórmulas. Es, por consiguiente, deber nuestro renunciar a una cosa lícita para salvar un alma. Lo que en sí es cosa indiferente y lícita, puede redundar en perjuicio de otro, si para este es ocasión de pecado. Véase nota anterior.
10 Pues si alguno te viere a ti, que tienes ciencia, sentado a la mesa en lugar idolátrico, ¿no será inducida su conciencia, débil como es, a comer de las carnes ofrecidas a los ídolos?
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11 Y así por tu ciencia perece el débil, el hermano por quien Cristo murió.
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12 Pecando de esta manera contra los hermanos, e hiriendo su conciencia que es flaca, contra Cristo pecáis1.
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- 12. Pecan contra Cristo porque son culpables de que muera un miembro de su Cuerpo Místico, un alma que Él amó hasta entregarse por ella (Ga. 2, 20) y cuyas ofensas Él mira como hechas a Sí mismo (Mt. 25, 40 y 45).
13 Por lo cual, si el manjar escandaliza a mi hermano, no comeré yo carne nunca jamás, para no escandalizar a mi hermano.
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