Chapter 5
Imitar el amor de Cristo
1 Imitad entonces a Dios, pues que sois sus, hijos amados1;
Original Greek
- 1. Sobre la imitación de Dios. Cf. Mt. 5, 44-48; Lc. 6, 35 s. y notas.
2 y vivid en amor así como Cristo os amó, y se entregó por nosotros como oblación y víctima a Dios cual (incienso de) olor suavísimo1.
Original Greek
- 2. Vivid en amor: Cf. 1 Co. 14, 1 y nota.
3 Fornicación y cualquier impureza o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a santos;
Original Greek
4 ni torpeza, ni vana palabrería, ni bufonerías1, cosas que no convienen, antes bien acciones de gracia.
Original Greek
- 4. Ni bufonerías: Gran enseñanza: las bromas no agradan a Dios (1 Tm. 1, 4; 4, 7; 2 Tm. 2, 23; Mt. 12, 36 s.) y menos si son contra la caridad (2 R. 2, 24 y nota).
5 Porque tened bien entendido que ningún fornicario, impuro o avaro, que es lo mismo que idólatra, tiene parte en el reino de Cristo y de Dios1.
Original Greek
- 5. Llama la atención que el Apóstol equipare la avaricia a la idolatría. Es que el avaro mira las riquezas como a su Dios: primero, porque en ellas fija toda su esperanza, y luego, porque en vez de servirse de ellas, es él quien las sirve (Mt. 6, 24 y nota). “Aquel que no sabe servirse de oro, es tiranizado por él. Sed dueños del oro, y no sus esclavos; porque Dios, que ha hecho el oro, os ha creado superiores a este metal; ha hecho el oro para uso vuestro, mas a vosotros os ha hecho a imagen Suya y solo para Él” (S. Agustín). Cf. 1 Tim. 6, 10.
6 Nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas descarga la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia.
Original Greek
7 No os hagáis, pues, copartícipes de ellos.
Original Greek
Como hijos de la luz
8 Porque antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Andad, pues, como hijos de la luz1 —
Original Greek
- 8. Tinieblas. por vosotros mismos. Luz, en Cristo y gracias a Cristo. “La verdadera ciencia del hombre consiste en saber bien que él es la nada y que Dios es el todo” (S. Buenaventura).
9 el fruto de la luz consiste en toda bondad y justicia y verdad—1
Original Greek
- 9. Admirable revelación que nos muestra cómo la buena conducta procede del conocimiento sobrenatural de la luz de Cristo. Cf. v. 14; 4, 22 y nota; 2 Tm. 3, 16; Hb. 4, 12.
10 aprendiendo por experiencia que es lo que agrada al Señor1;
Original Greek
- 10. He aquí la “experiencia religiosa” que cada uno debe realizar en su propia vida. Investigar lo que agrada a Dios es, según los Libros Sapienciales, el sumo objeto de la Sabiduría (Si. 1, 34; 2, 16; 4, 15 y notas). Examinadlo, dice S. Jerónimo, “a la manera de un prudente cambista, que no solo echa una mirada a una moneda, sino que la pesa y la hace sonar”.
11 y no toméis parte con ellos en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien manifestad abiertamente vuestra reprobación1;
Original Greek
- 11. No toméis parte: S. Cipriano observa que Jesucristo es nuestra luz, no solo porque nos revela los secretos de la salvación, y la eficacia de una vida nueva, sino también porque nos descubre todos los proyectos, la malicia y los fraudes del diablo para preservarnos de ellos.
12 porque si bien da vergüenza hasta el nombrar las cosas que ellos hacen en secreto1,
Original Greek
- 12. Denunciado el mal hábito públicamente (v. 11), lo que era un peligro, mientras estaba oculto, se convierte en saludable advertencia y luminosa lección para evitarlo (1 Tm. 5, 20). S. Pablo destruye así un concepto equivocado que suele tenerse del escándalo, mostrando que la pública reprobación de los males —como lo hacía Jesús tantas veces— puede ser muy conveniente, porque Satanás es “el padre de la mentira” (Jn. 8, 44), y sus grandes engaños son tanto más peligrosos y difíciles de evitar cuanto más se disimulan por las tinieblas y la ignorancia (4, 14 y nota), en tanto que la verdad liberta a las almas (Jn. 8, 32; 12, 46 y notas). Tal es el sentido del v. 14, y lo confirman las recomendaciones de los vv. 15 y 17.
13 sin embargo todas las cosas, una vez condenadas, son descubiertas por la luz, y todo lo que es manifiesto es luz.
Original Greek
14 Por eso dice: “Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”1.
Original Greek
- 14. Esta cita parece ser un fragmento de un himno cristiano primitivo. Cf. Is. 26, 19; 60, 1; Rm. 13, 11.
15 Mirad, pues, con gran cautela cómo andáis; no como necios, sino como sabios,
Original Greek
16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
Original Greek
17 Por lo tanto, no os hagáis los desentendidos, sino entended cuál sea la voluntad del Señor.
Original Greek
18 Y no os embriaguéis con vino, en el cual hay lujuria, sino llenaos en el Espíritu1,
Original Greek
- 18. Es decir, que en el Espíritu hay también una hartura, y más exquisita que la de cualquier vino (cf. Hch. 2, 4 y 13 ss.; 2 Co. 5, 13 y nota). Pero en vez de llevarnos a la lujuria, nos lleva al amor y sus frutos (Ga. 5, 22). El v. 19 nos muestra cómo se obtiene esta divina embriaguez mediante la palabra de Dios, que ha de habitar en nosotros “con opulencia” (Col. 3, 16 y nota).
19 entreteniéndoos entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando de todo corazón al Señor,
Original Greek
20 dando gracias siempre y por todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo1,
Original Greek
- 20. En el nombre de N. S. Jesucristo: Cf. Hb. 13, 15 y el Canon de la Misa, donde en el momento final y culminante, llamado “pequeña elevación”, de la Hostia y el Cáliz juntamente se dice al Padre que todo honor y gloria le es tributado por Cristo y en Él y con Él (cf. la forma paulina de acción de gracias en Hch. 2, 46 y nota). Mucho importa no pronunciar esas palabras sin sentir la riqueza infinita de su contenido. Gracias y honor al Padre por Cristo, es agradecerle el infinito don que el Padre nos hizo de su Hijo (Jn. 3, 16). Gracias y honor al Padre en Cristo, es identificarnos con Jesús, cuyo Cuerpo Místico formamos, y, tomándolo como el único instrumento infinitamente digno, ofrecérselo al Padre como retribución por todo el bien que recibimos. Y también con Cristo le agradecemos y lo glorificamos solidarizándonos así con Jesús en la gratitud y alabanza que Él mismo —el Hijo agradecido por excelencia— tributa eternamente al Padre (Jn. 14, 28 y nota). Tan agradecido, que por ello se ofreció a encarnarse e inmolarse (Sal. 39, 8 y nota) para dar a su Padre muchos otros hijos que compartiesen la misma gloria que Él recibió. Cf. 1, 5; 3, 21 y notas.
21 sujetándoos los unos a los otros en el santo temor de Cristo1.
Original Greek
- 21. Según los mejores autores este v. pertenece al pasaje siguiente, del cual es como un resumen. En efecto, en el v. 22 la palabra sujétense falta en algunos códices griegos.
El matrimonio cristiano
22 Las mujeres sujétense a sus maridos como al Señor1,
Original Greek
- 22. Empiezan aquí las instrucciones para cada estado (cf. 6, 1 y 5): primero para los esposos cristianos, cuya unión es una figura de la de Cristo, como Cabeza, con la Iglesia. Este gran misterio (v. 32) del cual fluye la santificación más alta del matrimonio, muestra su carácter sagrado, y prohíbe considerarlo como un contrato puramente civil, sujeto a la fluctuación de las voluntades. Jesús dice terminantemente: “Lo que Dios ha unido” (Mt. 19, 6; Mc. 10, 9). Por eso la Iglesia no reconoce el enlace civil como matrimonio legitimo. Sobre la sumisión de la mujer, véase 1 Co. 11, 7 y nota.
23 porque el varón es cabeza de la mujer, como Cristo cabeza de la Iglesia, salvador de su cuerpo.
Original Greek
24 Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo1.
Original Greek
- 24. Esta sumisión no implica que la mujer haya de cumplir todos los deseos del marido, aun con detrimento de su conciencia. Léase al respecto la Encíclica “Casti Connubii” de Pío XI.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó Él mismo por ella1,
Original Greek
- 25 ss. El amor de Cristo a su Iglesia es desinteresado y santo. El divino Esposo se entrega a Sí mismo para lavar a su Esposa con su Sangre y hacerla digna de Él. De la misma manera el marido ha de amar a su mujer, con el fin de protegerla, dignificarla y favorecer su santificación. Tal es el altísimo sentido del matrimonio cristiano. Cf. 1 Co. cap. 7.
26 para santificarla, purificándola con la palabra en el baño del agua,
Original Greek
27 a fin de presentarla delante de Sí mismo como Iglesia gloriosa, sin mancha, ni arruga, ni nada semejante, sino santa e inmaculada1.
Original Greek
- 27. A fin de presentarla delante de Sí: en las Bodas del Cordero (Ap. 19, 6-9). Este es el misterio que S. Pablo llama “grande” (v. 32) por el cual Dios resuelve formarse de los gentiles un pueblo (Hch. 15, 14), antes separados de Israel (2, 14), a fin de reunir en la Iglesia a todos los hijos de Dios (Jn. 11, 52), incluso los de Israel, bajo un solo Pastor: Jesucristo (Jn. 10, 6), en el cual Dios se propuso recapitular todas las cosas (1, 10). Se llama misterio parque en vano se habría pretendido descubrirlo en el Ant. Testamento, ya que solo a Pablo le fue dado revelar el designio eterno y oculto (3, 9 s.; Col. 1, 26; Rm. 16, 25), por el cual la benevolencia de Dios nos destinaba a ser sus hijos por obra de Jesucristo (1, 4 s.) e iguales a Él (Rm. 8, 29), un día en nuestro cuerpo glorificado (Fil. 3, 20 s.). Sobre otros “misterios” enseñados por S. Pablo puede verse el misterio de la Sabiduría de Dios (1 Co. 2, 7 ss.); el misterio de iniquidad (2 Ts. 2, 7 ss.); el misterio de la transformación (1 Co. 15, 51 ss.); el misterio de la salvación de Israel (Rm. 11, 25 ss.).
28 Así también los varones deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Original Greek
29 Porque nadie jamás tuvo odio a su propia carne, sino que la sustenta y regala, como también Cristo a la Iglesia1,
Original Greek
- 29. Nadie jamás tuvo odio a su propia carne: Y la mujer es la propia carne (v. 31), es decir, que la misma naturaleza coadyuva a esa solidaridad, en tanto que otros amores, como el de los hijos a los padres, requieren ser más espirituales para poder sobreponerse a los impulsos del egoísmo natural. En cuanto a su sentido literal, esta sentencia de S. Pablo nos previene contra el suicidio, el deseo de la muerte ajena a la voluntad de Dios, y el fakirismo o la falsa ascética que perjudica a la salud faltando a la caridad consigo mismo. Cf. 2 Co. cap. 5; Ap. 6, 10; Col. 2, 16-23 y notas.
30 puesto que somos miembros de su cuerpo1.
Original Greek
- 30 ss. El misterio del Cuerpo Místico (v. 30) se aplica a la unión matrimonial (v. 31; cf. Gn. 2, 24 y nota), y de ahí lo que expresa el v. 32.
31 “A causa de esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se adherirá a su mujer, y los dos serán una carne”.
Original Greek
32 Este misterio es grande; mas yo lo digo en orden a Cristo y a la Iglesia1.
Original Greek
- 32. El misterio aludido, dice el Apóstol, es la unión de Cristo con la Iglesia, de la cual el matrimonio cristiano es figura. “¿Cómo podría ser y decirse símbolo de tal unión el amor conyugal, cuando fuera deliberadamente limitado, condicionado, desatable, cuando fuese una llama solamente de amor temporal?”. “En este bien del sacramento, además de la indisoluble firmeza están contenidas otras utilidades mucho más excelsas y aptísimamente designadas por la misma palabra “sacramento”; pues tal nombre no es para los cristianos vano y vacío, ya que Cristo Nuestro Señor, fundador y perfeccionador de los venerandos sacramentos, elevando el matrimonio de sus fieles a verdadero y propio sacramento de la Nueva Ley, lo hizo signo y fuente de una peculiar gracia interior, por la cual aquel su natural amor se perfeccionase, confirmase su indisoluble unidad y los cónyuges fueran santificados” (Pío XI en la Encíclica “Casti Connubii”).
33 Con todo, también cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer a su vez reverencie al marido.
Original Greek