Chapter 148
Aleluya de las creaturas
1 1¡Hallelú Yah! Alabad a Yahvé desde los cielos, alabadlo en las alturas.
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- 1. Este admirable himno, que recuerda el Benedicite de Daniel 3, es una hermosísima invitación a todas las creaturas para que alaben a Dios, como en los tres Salmos precedentes y en los dos que le siguen, por los singulares beneficios y promesas que su bondad ha hecho a su pueblo, especialmente la de restablecerlo de nuevo en su país después de la miseria y dispersión (versículo 13 s.; cf. Salmo 145, 7 y notas). Es un llamado que abarca a un tiempo lo celestial (versículos 1-6) y lo terrenal (versículos 7-14). Cf. Salmos 144, 10 y nota; 149, 5 ss.
2 1Ángeles suyos, alabadlo todos; alabadle todos, ejércitos suyos.
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- 2. Ejércitos: Son en la Sagrada Escritura los ángeles (III Reyes 22, 19; II Paralipómenos 18, 18) y también los astros (Nehemías 9, 6; Job 38, 7). Aquí ha de preferirse la primera significación, por razones estilísticas (el paralelismo de los hemistiquios según las reglas de la poesía hebrea). Cf. Salmos 102, 20 s.; 103, 4; 67, 18; 90, 11 y notas; 148, 8; Apocalipsis 7, 1; 9, 14.
3 Alabadle, sol y luna; lucientes astros, alabadle todos.
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4 1Alabadle, cielos de los cielos y aguas que estáis sobre los cielos:
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- 4. Cielos de los cielos: Fórmula hebrea para designar el cielo superior, que la antigüedad llamaba cielo empíreo, por oposición al cielo inferior o firmamento (cf. Salmos 113B, 16; 13, 14; 138, 8). Según algunos, considerando la creación que comprende “los cielos y la tierra” (Gén. 1, 1) podría distinguirse, en lo que se denomina genéricamente “los cielos” como esfera celestial (excluyendo el cielo atmosférico y el astral), tres clases, a saber: 1° “Los cielos” del Antiguo Testamento, que comprenderían a “El cielo” en el Nuevo Testamento, donde si este singular en sentido específico designa la esfera inmediata a la tierra (Mateo 6, 26; 8, 20; 16, 2; 24, 30; Marcos 13, 25; Hechos 7, 42; Apocalipsis 6, 13); en sentido genérico designa el conjunto de las esferas supraterrenales (Lucas 15, 7 y 10; Mateo 5, 34; 11, 25; 28, 18; Hechos 1, 11; 3, 21; 17, 24; I Corintios 8, 5; I Pedro 3, 22). 2° El medio del cielo, que correspondería quizás al cielo interestelar e interplanetario, pero en el orden espiritual (Apocalipsis 8, 13; 14, 6; 19, 17). 3° “Los cielos de los cielos”, que aquí vemos, los que en el griego neotestamentario serían siempre llamados “los cielos” (Mateo 5, 12 y 16; 16, 19; 18, 10; Lucas 12, 33; Hechos 7, 56; II Corintios 5, 1; Apocalipsis 12, 12). Por encima de esta triple esfera celestial de la creación estaría la esfera propia de Dios, es decir, increada (cf. Salmos 8, 2; 112, 4-6; Efesios 1, 3 y 20; 3, 10; 4, 10).
5 1alaben el Nombre de Yahvé, porque Él lo mandó, y fueron creados.
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- 5. Porque Él lo mandó y fueron creados: Con frecuencia hace resaltar la Escritura cómo Dios lo hace todo por su Palabra (Génesis 1, 3; Salmos 32, 9; 147, 4, etc.). Esa “Palabra omnipotente” (Sabiduría 18, 15) que Él mandó (Salmos 104, 8; 106, 20) era, según nos revela San Juan, el mismo Verbo que había de encarnarse y por quien fueron hechas todas las cosas (Juan 1, 3 y 14). Jesús es, pues, la Palabra del Padre, siendo de lamentarse la falta de un vocablo masculino para expresarlo en castellano como el Logos en griego. Cf. Juan 4, 26; 10, 37.
6 1Él los estableció para siempre y por los siglos; dio un decreto que no será transgredido.
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- 6 ss. Es la gran lección de obediencia que Dios nos da en la biblia de la naturaleza, desde los astros (Salmo 146, 4) hasta los seres inferiores, fieles siempre a su instinto. Solo el hombre, dotado de razón por Dios y adoptado por hijo, se rebeló desde los comienzos del Génesis, y sabemos que lo hará hasta el último día del Apocalipsis (Apocalipsis 20, 7 ss.).
7 1Alabad a Yahvé desde la tierra, monstruos marinos y todos los abismos;
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- 7 ss. Sobre los monstruos, que parecerían una nota discordante en la armonía de este concierto polifónico, dice San Agustín: “Todas estas cosas son mudables, corruptibles y algunas pavorosas. ¿Qué importa? Ocupan su lugar en el mundo, guardan su orden, son eslabones de una cadena y por lo tanto una parte de esa indecible hermosura que contemplada mueve al hombre a alabar a Dios.” En Isaías 11, 6 ss. (cf. nota) hallamos otra explicación que concuerda con la trascendencia mesiánica del Salmo (versículos 13 y 14).
8 fuego y granizo, nieve y nieblas, vientos tempestuosos, que ejecutáis sus órdenes;
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9 montes y collados todos, árboles frutales y todos los cedros;
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10 bestias salvajes y todos los ganados, reptiles y volátiles;
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11 1reyes de la tierra y pueblos todos, príncipes y jueces todos de la tierra;
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- 11 s. Este homenaje universal tributado a Dios en su Santuario (Salmos 149, 1; 150, 1) es, descrito con los más vivos colores en el Salmo 67, 25 ss.
12 los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.
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13 1Alaben el Nombre de Yahvé, porque solo su Nombre es digno de alabanza; su majestad domina la tierra y los cielos.
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- 13. Solo su nombre: El que medita esta enseñanza, que concuerda con muchas otras de la Sagrada Escritura, adquirirá una fuerte y saludable aversión a rendir y a recibir los homenajes y alabanzas que tanto se prodigan los hombres entre sí. Cf. Isaías 42, 8; 48, 11; I Timoteo 1, 17; Ester 3, 2; 13, 14; Lucas 6, 22 y 26; Juan 5, 44; 12, 43; Hechos 10, 26; Filipenses 2, 7 s., etc. Domina la tierra y los cielos: cf. los Salmos 95-99. Cf. Efesios 1, 10; Apocalipsis 11, 15.
14 1Él ha encumbrado el cuerno de su pueblo. Para Él es la alabanza de todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo familiar suyo. ¡Hallelú Yah!
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- 14. Ha encumbrado el cuerno de su pueblo : Lo ha llevado finalmente a la exaltación prometida. Cf. Salmo 131, 17; Isaías 61, 3 ss.; Lucas 1, 69; 2, 32. Para Él es la alabanza de todos sus santos: Bover-Cantera vierte: Loor es para todos sus devotos. El pueblo familiar: Literalmente, cercano, esto es, íntimo. Cf. Salmo 147, 9 y nota. “Israel solo aparece al final en este himno maravillosamente universalista, pero en el fondo es él quien invita a todos los pueblos, a todos los hombres, a la creación toda entera de la tierra y del cielo a tributar con él a su Dios alabanza y gratitud” (Calès). Cf. Salmos 95, 7; 96, 1; 101, 1 y 16 s.; 116, 1, etc.