Chapter 48
No envidiar la opulencia de los malos
1 Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.
2 1Oíd esto, naciones todas, escuchad, moradores todos del orbe,
- 2. Oíd: Solemne llamamiento de la Sabiduría. Así también habló Moisés en el gran mandamiento: “Schma Israel” (Deuteronomio 6, 4). Hace resaltar el salmista en cuatro versos (2-5) la importancia del tema que va a tratar: la prosperidad de los pecadores no es más que apariencia. Los gozos y bienes de este mundo son falaces. Solamente el necio confía en ellos. Sobre los privilegios supremos que da la Sabiduría, véase Proverbios cap. 8 ss.; Sabiduría 6 ss.; Eclesiástico 24 y 39; 51, 18-38; Daniel 12, 3; Mateo 5, 19, etc. Jesús resumió todas esas maravillosas promesas al decir que María, la que escuchaba, eligió la mejor parte (Lucas 10, 42).
3 así plebeyos como nobles, ricos tanto como pobres.
4 Mi boca proferirá sabiduría, y la meditación de mi corazón, inteligencia.
5 1Inclinaré mi oído a la parábola, y al son de la cítara propondré mi enigma.
- 5. Parábola yenigma (hebreo: maschal): Género literario muy frecuente en la sabiduría bíblica, para expresar un pensamiento profundo, en forma viva y animada por imágenes. Puede traducirse por refrán, proverbio, sentencia didáctica. Mi oído: Cf. Salmo 77, 2 citado por Mateo 13, 35; allí es la boca del Maestro que habla en parábolas; aquí, el oído que las escucha. ¡Escuchar es lo único que se nos pide para hacernos felices! Cf. Jeremías 7, 22 s.; Juan 6, 65 y 69; 12, 47 ss.; 15, 7; II Timoteo 3, 16 s., etc.
6 1 ¿Por qué he de temer yo en los días malos, cuando me rodea la malicia de los que me asechan,
- 6 s. No temerlos, porque su vida es fugaz, como lo indica el estribillo (versículos 13 y 21). Cf. II Paralipómenos 32, 7 s.; Mateo 10, 28; Salmo 36, 36, etc.
7 los que confían en sus recursos y se glorían de la abundancia de sus riquezas?
8 1Pues nadie podrá librarse a sí mismo, ni dar a Dios un precio por su redención
- 8 ss. Texto oscuro, con muchísimas variantes. El salmista quiere decir: A pesar de las riquezas nadie puede rescatarse de la muerte. La Vulgata dice que ni el hermano puede en este caso redimir a su hermano (cf. Levítico 25, 25; Ezequiel 21, 29 s.). Nadie ofrecerá a Dios un rescate que valga, porque es incalculable el precio de un alma para que viva en paz eternamente y no caiga en el abismo. Como vemos, de la muerte corporal se pasa a mostrarnos el misterio de sabiduría tan solemnemente anunciado al principio, y es la necesidad de un Redentor, sin el cual estamos todos perdidos (versículo 16). Es lo que dice Jesús en Marcos 8, 37. Si se tratara simplemente del cuerpo, no habría tal parábola, como lo anunció el salmista, pues nadie ignora que el hombre es mortal.
9 —demasiado caro es el rescate de la vida— ni logrará nunca seguir viviendo por siempre
10 sin ver la muerte.
11 1Pues verá que los sabios mueren, e igualmente perecen el insensato y el necio, dejando sus riquezas a extraños.
- 11 ss. Entretanto el justo verá perecer (versículo 6 y nota) a los sabios lo mismo que a los insensatos; verá a aquellos ricos que lo perseguían, morir dejando a otros sus riquezas (Salmo 38, 7), y verá reducidos a la suma estrechez del sepulcro, por generaciones y generaciones, a los que pensaron perpetuarse (versículo 18), dando sus nombres a sus tierras. ¿Qué elocuencia más viva que la de esta verdad escrita hace tres mil años? Por tanto, concluye el versículo 13, aun en la cumbre de los honores, el hombre no dura: es semejante a los animales, destinados todos a perecer. Dom Puniet hace notar la similitud de este pasaje con Eclesiastés 3, 19-21.
12 Los sepulcros son sus mansiones para siempre, sus moradas de generación en generación, por más que hayan dado a las tierras sus nombres.
13 Porque el hombre no permanece en su opulencia; desaparece como los brutos.
14 1Tal es la senda de los que estultamente confían, y tal el fin de los que se glorían de su suerte.
- 14. Los que se glorían de su suerte, es decir, de la propia, creyendo que será durable la prosperidad del momento actual. También puede aplicarse a los admiradores de esos tales, que los imitan envidiando su efímero oropel y nunca aprenden a escarmentar en cabeza ajena.
15 1Como ovejas son echados al sepulcro; su pastor es la muerte, y a la mañana los justos dominarán sobre ellos. Pronto su figura se volverá un desecho, y el sepulcro será su casa.
- 15. A la mañana: “En la aurora del día que los hará eternamente felices” (Fillion). Cf. II Pedro 1, 19; Filipenses 3, 20 s. Dominarán sobre ellos: Literalmente: los pisotearán. Cf. Daniel 7, 22; 12, 2; I Corintios 6, 2; Apocalipsis 2, 26 ss. Al final otros vierten que no habrá (para los impíos) la alta mansión (cf. Isaías 63, 15).
16 1Pero mi vida Dios la librará de la tumba, porque Él me tomará consigo.
- 16. Dios será mi Redentor según lo dicho en versículo 8 ss. y nota. Él me tomará consigo: El nuevo Salterio Romano hace notar que igual verbo se usa para el arrebato de Enoc (Génesis 5, 24) y de Elías (IV Reyes 2, 9 s.). Véase I Tesalonicenses 4, 17; Juan 14, 3.
17 No temas si alguno se enriquece, si aumenta la opulencia de su casa;
18 1porque al morir nada se llevará consigo, ni baja con él su fausto.
- 18. Triste epitafio para los mundanos.
19 Aunque él mientras vivía se jactase, congratulándose de pasarlo bien,
20 bajará a reunirse con sus padres, y no verá jamás la luz.
21 1Pero el hombre en auge no comprende; desaparece como los brutos.
- 21. Véase versículo 13. No comprende, esto es, desaparece como los brutos, sin haber llegado a entender ni la vanidad de este mundo ni el misterio de Dios. Según I Corintios 2, 14, el hombre natural, o sea puramente racional, “no comprende las cosas que son del Espíritu de Dios”, es decir que solo puede ser sabio el que se eleva mediante la fe viva a la inteligencia de “las profundidades de Dios” (I Corintios 2, 10). De ahí la tremenda palabra de Jesús en Lucas 18, 24 s.